(Resumen realizado por Manuel Contreras).
NARRATIVA DESDE LOS 70 HASTA NUESTROS DÍAS


INTRODUCCIÓN
Tras la recuperación de las libertades con la muerte del General Franco, la vida cultural y literaria experimenta una considerable transformación: desaparece la censura, se recupera a los autores exiliados, se produce una apertura hacia la literatura extranjera, la creación literaria en lenguas españolas distintas al español recibe un impulso, se multiplican los premios y certámenes literarios y se consolidan importantes grupos editoriales y de comunicación (PRISA, Planeta, RBA).
Los rasgos de la literatura española de las últimas décadas son la variedad temática y estética, la diversidad de tendencias y corrientes literarias y la proliferación de autores. La producción editorial en España tiende al gigantismo: se publican unos 75.000 títulos cada año, de los cuales constituyen novedades unos 10.000. Como la tirada media es de 3,500 ejemplares, ello significa, en total, unos 35 millones de ejemplares.
EL EXPERIMENTALISMO
La primera promoción de los años setenta está muy condicionada por el experimentalismo narrativo de Tiempo de Silencio, de Luis Martín Santos. El clima cultural era propicio a ello: autores de la postguerra se incorporan a los experimentos narrativos (Delibes, Cela, Torrente Ballester), el boom de la novela hispanoamericana llega a España, y la influencia del nouveau roman francés, así como el conocimiento tardío de la gran novela norteamericana y europea del siglo XX (Proust, Joyce, Kafka, Faulkner...), se dejan sentir con fuerza por entonces. Se trata de autores que publican sus primeras obras entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, caso de José María Guelbenzu, Ramón Hernández, Germán Sánchez Espeso, Miguel Espinosa, Antonio F. Molina, Raúl Guerra Garrido, José Leyva, Pedro Antonio Urbina y Juan Benet. Cultivan una novela minoritaria y culturalista, hermética y experimental, cuya preocupación es el lenguaje (léxico rebuscado, rupturas sintácticas, oraciones muy largas y complejas y también lenguaje coloquial y vulgar). Lo más importante no es contar una historia, rechazan la novela de argumento. El relato no es lineal, sino que se fracciona y se funde en reiterados contrapuntos, y los personajes no tienen atributos que los definan o los diferencien.
LA NARRATIVA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS
Las técnicas narrativas que despliegan habían aparecido algunas ya en el período anterior. El monólogo interior, caótico, acaba perdiendo el sentido. De forma sistemática se usa en la narración la segunda persona, se reclama el efecto expresivo de la tipografía, se añaden páginas en blanco, se prescinde de los signos de puntuación o se echa mano del collage; se usa reiteradamente el perspectivismo, el “behaviorismo” (técnicas objetivistas) y tratamientos espaciotemporales diversos. Se habla de antinovela y metaliteratura. Algunos títulos de esta tendencia son: El buey en el matadero (1967), de Ramón Hernández; Un caracol en la cocina (1970) y El león recién salido de la peluquería (1971), de Antonio F. Molina; ¡Ay! (1972), de Raúl Guerra Garrido; La primavera de los murciélagos (1974), de José Leyva y Escuela de mandarines (1974), de Miguel Espinosa. Quizá el autor de fama más perdurable dentro de esta tendencia sea Juan Benet. En 1967 publica Volverás a Región.
TENDENCIAS DE LA NOVELA ACTUAL
Tras la muerte de Franco y la llegada de la democracia, hacia 1975, empieza a publicar una nueva promoción. Se habla de REALISMO RENOVADO. Obra clave de esta nueva perspectiva será La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza. Se reivindica el placer de narrar: un relato con intriga, aventura, enredo, amoríos. A partir de este momento lo que interesa es contar una historia, la trama y el argumento son el eje. Por lo general vuelven a la concepción clásica. Algunos títulos relevantes son: Los delitos insignificantes (1986), de Álvaro Pombo; Luna de lobos (1985), de Julio Llamazares; La ciudad de los prodigios (1986), de Eduardo Mendoza, o Bélver Yin (1986), de Jesús Ferrero. Hay un cambio significativo hacia las personas tradicionales del relato, la primera y la tercera. Estas novelas ponen al descubierto los atributos del hombre de hoy, la confusión del hombre moderno obligado a reflexionar sobre la realidad que lo rodea, a buscarle un sentido porque ha perdido la fe en aquellos valores que garantizaban y explicaban el mundo.
En la actualidad se observa una gran libertad y diversidad de tendencias. No debe olvidarse que la novela es objeto de consumo en el mercado editorial. Repasemos algunas de estas tendencias:
Metanovela. El narrador reflexiona sobre los aspectos teóricos de la novela que suele trasladar a la ficción como tema o motivo del relato. Algunos ejemplos: La orilla oscura, de José Mª Merino; Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, o El vano ayer, de Isaac Rosa.
Novela histórica. Se trata de un tipo de narrativa muy valorado por los lectores, que viene a integrarse dentro de una tendencia europea que recupera a viejos maestros como Robert Graves, M. Yourcenar, Gore Vidal o Umberto Eco. Se trata de un tipo de novela de gran precisión histórica que obliga al novelista a documentarse sobre el período, acontecimientos y personajes sobre los que pretende novelar. Pueden servirnos de ejemplos las novelas de Pérez Reverte, El capitán Alatriste, o Matilde Asensi, Iacobus. Dentro de esta tendencia cabe citar aquella que se ocupa de la reconstrucción de la historia de España desde la Guerra Civil (que constituye una tendencia narrativa en sí misma) a la actualidad. Se trata de obras como Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, o Crónica de un instante, de Javier Cercas.
Novela de intriga y policíaca. En la década de los 70 se produce una invasión de traducciones de novela negra europea y norteamericana. Los autores españoles adoptarán estos modelos y los adaptarán (Andreu Martín, Juan Madrid), y en otros casos los transgredirán para servir a otros fines (la serie Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán, como crónica sociopolítica, mordaz e irónica de la transición democrática). Con matices pertenecen a esta tendencia novelas como La tabla de Flandes, de Arturo Pérez Reverte, El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina, y La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.
Novela neorrealista. Este tipo de narrativa estuvo de moda durante los años que van desde la caída del muro de Berlín (1989) hasta el 11 de septiembre de 2001. Su interés temático se centró en la representación de la conducta de los entonces jóvenes adolescentes, sus salidas nocturnas en las grandes ciudades, el uso y abuso de drogas, del sexo, del alcohol y de la música rock. Son obras representativas de esta tendencia Historias del Kronen (1994), de José Ángel Mañas, que la inauguró, Ray Loriga con Héroes o Lucía Etxebarría en Amor, curiosidad, sexo, Prozac y dudas.
Novela lírica. El valor esencial es la calidad técnica con que está escrita, la búsqueda de la perfección formal: La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, La fuente de la edad, de Luis Mateo Díez, o El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas, se adscriben a ella.
Novela culturalista. En los últimos años han aparecido una serie de autores jóvenes que hacen una novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes aspectos de la cultura occidental desde unas posturas bastante eruditas. Es lo que hace Juan Manuel de Prada con Las máscaras del héroe o La tempestad.
Novela de pensamiento: cercana al ensayo, se trata de un tipo de narrativa en la que se difuminan las fronteras entre la novela y el ensayo, pues da cauce a múltiples digresiones sobre las preocupaciones del autor, en un tono cercano a veces a lo autobiográfico. Un ejemplo de ello es Sefarad, de Antonio Muñoz Molina, Negra espalda del tiempo, de Javier Marías y los diarios que desde hace 15 años publica Andrés Trapiello bajo el título genérico de Salón de pasos perdidos.